5 POEMAS CORTOS DE GABRIELA MISTRAL


Posted: 15 May 2017 07:08 AM PDT

La poetisa chilena nació en 1889 y su nombre real fue Lucila Godoy Alcayaga, adoptó su seudónimo inspirada en la obra de Gabriel D'Annunzio y Fréderic Mistral. 
En 1922 fue publicada su primera obra y alcanzó el Premio Nobel de Literatura en 1945 como un justo reconocimiento no sólo a su producción poética, sino también a sus producciones literarias y su constante esfuerzo por la difusión de la cultura y la lucha de los derechos humanos.



Apegado a mí


  Velloncito de mi carne
que en mis entrañas tejí,
velloncito tembloroso,
¡duérmete apegado a mí!

  La perdiz duerme en el trigo
escuchándola latir.
  No te turbes por aliento,
¡duérmete apegado a mí!

  Yo que todo lo he perdido
ahora tiemblo hasta al dormir.
  No resbales de mi pecho,
¡duérmete apegado a mí!

 

Balada


  El pasó con otra;
yo le vi pasar.
  Siempre dulce el viento
y el camino en paz.
  ¡Y estos ojos míseros
le vieron pasar!

  Él va amando a otra
por la tierra en flor.
  Ha abierto el espino;
pasa una canción.
  ¡Y él va amando a otra
por la tierra en flor!

  El besó a la otra
a orillas del mar;
resbaló en las olas
la luna de azahar.
  ¡Y no untó mi sangre
la extensión del mar!
  El irá con otra
por la eternidad.
  Habrá cielos dulces.
  (Dios quiere callar.)
  Y el irá con otra
por la eternidad!


Dame la mano y danzaremos


  Dame la mano y danzaremos,
dame la mano y me amarás.
  Como una sola flor seremos,
como una flor, y nada más. . .

  El mismo verso cantaremos,
al mismo paso bailarás.
  Como una espiga ondularemos,
como una espiga, y nada más.

  Te llamas Rosa y yo Esperanza,
pero tu nombre olvidarás,
porque seremos una danza
en la colina y nada más...


Desvelada

  
  Como soy reina y fui mendiga, ahora
vivo en puro temblor de que me dejes,
y te pregunto, pálida, a cada hora:
  «¿Estás conmigo aún? ¡Ay, no te alejes!»

  Quisiera hacer las marchas sonriendo
y confiando ahora que has venido;
pero hasta en el dormir estoy temiendo
y pregunto entre sueños: «¿No te has ido?»


El amor que calla

  Si yo te odiara, mi odio te daría
en las palabras, rotundo y seguro;
¡pero te amo y mi amor no se confía
a este hablar de los hombres tan oscuro!

  Tú lo quisieras vuelto un alarido,
y viene de tan hondo que ha deshecho
su quemante raudal, desfallecido,
antes de la garganta, antes del pecho.

  Estoy lo mismo que estanque colmado
y te parezco un surtidor inerte.
¡Todo por mi callar atribulado
que es más atroz que entrar en la muerte!