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El hombre que susurraba a los colibríes



Joao Silvestrini, un jubilado que vive en las afueras de Barretos, en el estado brasileño de Sao Paulo, ha conseguido ganarse la confianza de una família de colibríes que le visitan varias veces al día y entran con total tranquilidad por la ventana de su cocina para alimentarse en un comedero de néctar con flores de plástico. Silvestrini muestra en un vídeo difundido a través de su página en Facebook la relación cordial y confiada con uno de estos pequeños pájaros, que parece atender a sus palabras antes de aprovecharse de la comida.
Silvestrini explica que el pequeño pájaro que aparece en el vídeo es hijo de un primer colibrí que se acostumbró a alimentarse en su cocina. Estas son algunas de la frases de la conversación de Silvestrini:
"Hola! Ven! Vamos a filmar aquí, ven aquí, aquí! Vamos a hablar aquí cerca, te estamos viendo? Ven, vamos a hablar un poco, ponte aquí. Quieres beber un poco? Quieres ver la máquina otra vez, ¿de acuerdo? Entonces, mira allí, a la cámara, sí. Te están filmando, vamos a volver. Sigue mi dedo, mira hacia allí! El sinvergüenza está aquí todo el día llamándome. No ha pasado media hora y ya vuelve a estar aquí. Este es el hijo, me lo trajo su madre, que lo dejó caer al lado de la ventana; y se ha acostumbrado a la casa y viene a llamarme cada día".