¿Nacemos con un guión para vivir?


 Alicia Garrido Martín Nov 17, 2016 en Psicología742 compartidos
Niño andando por un camino
Os preguntaréis qué es eso del “Guión de vida”. Los guiones los vemos en las películas, en los cortos, en los programas de televisión… pero…¿en la vida? Así es. Muchas veces, si nos descuidamos, podremos estar viviendo de una manera que en parte no hemos elegido conscientemente, pero a la que tampoco hemos cuestionado nunca.
A veces nos encontramos caminando con un piloto automático y metidos en unos zapatos que no elegimos. Pero vamos a aterrizar conceptos. Definamos qué es esto del “Guión de vida“, de dónde viene y qué sentido tiene que haya brotado este concepto en el mundo y la época en que vivimos.
El guión de vida es el término que acuñamos para definir ese plan, ese hilo conductor que guía nuestra vida desde que nacemos hasta que morimos. Eric Berne, médico y psiquiatra canadiense, fue el primero en advertir esta realidad.
Berne a través de las personas que acompañaba en sus procesos de terapia pudo darse cuenta de esta paradoja. Esta consistía en que la mayoría de las personas actuaban siguiendo un guión de vida, independientemente de si se sentían o no identificados con el personaje asignado.
De alguna manera tiene cierta similitud con ese actor que representa una obra dramática actuando en función de lo que otro ha escrito para él. Uno actúa en función de lo que dicta el guionista y adopta el rol que le marca su papel.
máquina de escribir

El guión de vida se puede cuestionar y modelar

Partiendo de esta base y de su definición podemos entender que no estamos hablando de destinos preestablecidos ni insalvables. Ni estamos haciendo mención a algo mágico o sobrehumano que nos venga impuesto y que no podamos actuar para modificarlo.
Estamos hablando de un guión que existe y se consolida en base a escuchar frases como por ejemplo: “Siempre serás tan cabezota…”, “Desde luego es que eres el fuerte de la familia, si no fuera por tí, no sé qué haríamos los demás…”, “Llorar es de cobardes, y tú no quieres ser un cobarde, ¿no es así?”…
Cuando de pequeños escuchamos frases como estas, de alguna manera tenemos que cumplir lo que nos dictan para ser queridos. Si yo actúo de esta manera me querrán y seguiré sobreviviendo. Si yo actúo de la manera que no le gusta a los demás, me “castigarán” y “no me querrán tanto”.

Los niños buscan ser queridos y aceptados por sus padres

Siguiendo el ejemplo anterior, tendré que actuar de la manera en que me acabe sintiendo querido y tenido en cuenta por las personas a las que más quiero. La necesidad de amor y cariño se convierte así en la mejor controladora del niño-actor para que cumpla con el guión que les agrada a los demás.
Este tipo de frases, o más bien, lo que hay detrás de ellas, se llaman mandatos y acaban condicionando al niño. Un niño lo que necesita es sentir que amor y el cariño no son elementos condicionales y si para asegurarse de que contar con ellos tiene que actuar ciegamente, lo hará. Su única necesidad vital es sobrevivir.
Niña con madre deprimida
En cierta forma, el niño va tomando decisiones en función de estos mandatos. Estas actuaciones van construyendo un patrón cada vez más sólido, dando lugar a su forma de ser y de estar en el mundo. Se va construyendo su guión de vida.

Para cambiar el guión de vida primero hay que tomar conciencia de él

No obstante y este es el punto más importante del asunto: el adulto es capaz de tomar conciencia de este patrón en el que se ha sumergido. El adulto puede ver con relativa claridad, si así lo desea, las creencias y patrones en los que ha sobrevivido en toda su infancia, adolescencia y adultez. Sea ayudado en su proceso de terapia, o sin esta ayuda.
Una vez ha tomado conciencia de todas y cada una de las decisiones que ha tomado en su vida condicionadas por esa idea de sí mismo y de funcionamiento del mundo, podrá elegir reconstruir su guión de vida y edificarlo sobre sus propias convicciones, creencias y valores.
niño en tren

Es nuestra responsabilidad cambiar el guión

Tenemos la responsabilidad última de cuestionarnos, de echar un vistazo a nuestra vida sin juzgarla. Simplemente para ver cómo nos hemos ido construyendo y sobre todo qué creencias de la vida nos han hecho tomar una u otra dirección.
Si yo creo que el mundo es hostil y peligroso, porque es lo que se me ha enseñado de pequeño, probablemente en mi vida intente buscar la seguridad desesperadamente, evitando el “riesgo” natural de existir. Tendré así todas las papeletas para convertirme en una persona dependiente.
Por otro lado, perderé oportunidades y quizá evite conocer a determinadas personas por esta creencia que anticipa catástrofes sin saber si quiera si las habrá. Elegir construir nuestra vida en base a nuestras verdaderas y auténticas necesidades, creencias y valores es un derecho que no caduca nunca y que podemos ejercer siempre.
Pero para ello hay que poder cuestionar y no dar por sentado lo que toda nuestra vida ha sido inquebrantable para nosotros. Un proceso costoso, pero que sin duda nos reconciliará con nosotros. Lo hará enseñándonos la diferencia entre sobrevivir y vivir, dándonos la posibilidad de hacer esto último.