LA CASA DE CAMPO DE MADRID

La casa de campo, es una instalación que, en sus tiempos pretéritos, perteneció a la Corona Española y como espacios ideales para la cacería de los integrantes de la realeza. Declarado como Bien de Interés Cultural por la comunidad madrileña en el año 2010, representa uno de los atractivos mejor acondicionados para la recreación colectiva y publica dentro de los límites de la capital española.
 
Con aproximadamente 1.723 hectáreas, la casa de campo es un esplendido espacio completamente natural en la misma línea de parque público que trae consigo una historia arraigada desde la realeza.
Tuvo sus inicios en una de las decisiones de Felipe II, de concretar un traslado de la Corte a la ciudad de Madrid y darle una pertenencia residencial. La intención era unir la fina del Palacio con el Cazadero de El Pardo, extendiendo su dimensión cuando empezó a adquirir otras fincas en las adyacencias de ésta y continuar con las labores de campo.
Ya en las manos de Fernando VI, se le dio el honor de Bosque Real y la primitiva casa de campo de la familia Vargas adquiere una remodelación para que sirva de aposento real.
En el año 1931, para el mes de mayo, y en plena proclamación de la Segunda República, el Bosque Real pasa a la responsabilidad del Estado para que surta funciones de apertura pública. En plena guerra civil, sirvió como frente de batalla y bombardeos, arruinando, en su mayoría, las construcciones de la época y levantando sobre sus terrenos estructuras militares que en los actuales momentos aun se divisan.
La casa de campo concentra en su interior una diversidad de instalaciones como el Zoológico, Parque de Atracciones, el Teleférico que sirve de unión con el Parque del Oeste al otro lado del Manzanares, el IFEMA (Instituto Ferial de Madrid), la Venta del Batán (donde se encierra los toros antes de la lidia) y el pabellón multiuso Madrid Arena.

Son varias Dinastías que han posado sus pies en la casa de campo desde que se originó en 1519, cuando Francisco de Vargas ordena construir esta casa en los terrenos que le pertenecían como linaje de la Dinastía de los Austrias.Es aquí donde Felipe II entra en sus cautivadores aires naturales, cuando fija su atención en la casa de campo. Serviría esta franja como superficie para exposiciones públicas y de esparcimiento personal.
En cuanto a la llegada de la Dinastía de los Borbones, esta casa vuelve a unos cambios importantes realizada, sobre todo, en los jardines que aún conservaban estilos parterre español de los magistrales diseños de Jerónimo de Algora para ser sustituidos por broderies estilo francés. Es en esta Dinastía donde gana más dimensiones cuando Fernando, hijo de Felipe V, adquiere más de mil hectáreas hacia el norte.
La casa de campo, comprende entonces, un parque con características muy especiales, que en la actualidad tiene bien merecido la condición de Bien de Interés Cultural, siendo uno de los más importantes dentro del mismo corazón de la ciudad madrileña.