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Aceptar y soltar


Aceptar y soltar
Pueden presentarse situaciones en nuestra vida que no nos gustan nada y que no podemos cambiar. Estas situaciones pueden convertirse en inmensos obstáculos, pueden inmovilizarnos y convertirse en nuestra razón de “no ser“.
Pero las mismas situaciones difíciles también nos pueden enseñar cosas muy valiosas. Para eso hay que aprender a mirar los problemas con otra percepción, más abierta y sin juzgar tanto y enfocándose sobre todo en el momento presente.
A veces no se puede cambiar nada, pero la nueva mirada nos permitirá aceptar la situación tal como es. Y con eso la situación ha dejado de ser un problema. La aceptación nos permitirá soltar el problema y seguir con nuestra vida… tal como ocurre en el cuento sobre “El camello atado”.
 

El camello atado – cuento Sufi

Una larga caravana de camellos avanzaba por el desierto hasta que llegó a un oasis y los hombres decidieron pasar allí la noche.
Conductores y camellos estaban cansados y con ganas de dormir, pero cuando llegó el momento de atar a los animales, se dieron cuenta de que faltaba un poste. Todos los camellos estaban debidamente estacados excepto uno. Nadie quería pasar la noche en vela vigilando al animal pero, a la vez, tampoco querían perder el camello. Después de mucho pensar, uno de los hombres tuvo una buena idea.
Fue hasta el camello, cogió las riendas y realizó todos los movimientos como si atara el animal a un poste imaginario. Después, el camello se sentó, convencido de que estaba fuertemente sujeto y todos se fueron a descansar.
A la mañana siguiente, desataron a los camellos y los prepararon para continuar el viaje. Había un camello, sin embargo, que no quería ponerse en pie. Los conductores tiraron de el, pero el animal no quería moverse.
Finalmente, uno de los hombres entendió el porqué de la obstinación del camello. Se puso de pie delante del poste de amarre imaginario y realizó todos los movimientos con que normalmente desataba la cuerda para soltar al animal. Inmediatamente después, el camello se puso en pie sin la menor vacilación, creyendo que ya estaba libre.