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Crecer es aprender a decir Adios


decir adios
Dicen que crecer es aprender a decir adiós.
Pero no un hasta luego, un quizás, un a lo mejor. Es una despedida sin retorno, sin vuelta atrás.
Es un adiós sonoro, con tilde y con punto final. Y es que nos cuesta mucho poner punto final, con lo fácil que son los puntos suspensivos…
Dejar las cosas en stand by, por si acaso. Que decir adiós son palabras mayores. Llegar a una posición de no retorno nos angustia, nos enfrenta a un horizonte de posibilidades donde a lo que dijimos adiós, ya no estará más.
Un adiós de los que retumban en el alma. Esos son los que duelen.
Yo nunca me atrevía a decir adiós. Y no hacerlo es dejar una ventana abierta al dolor, a la desilusión y al desencanto. La esperanza es lo último que se pierde, pero si la causa está perdida, es mejor dejar ir, respirar hondo, y soltar.
Decir adiós a quien te rompió el corazón. A quien te desgarró el alma. Al que dices hasta luego porque es mejor sentir dolor que no sentir nada. Y es que ese frío en el pecho te aterroriza. Te desnuda. Te tira al suelo.
Y eliges la incandescencia del dolor, de la ira y de la rabia.
Porque ni te planteas decir adiós. Crees que tus sentimientos sólo pueden ser una variación de esos estados. O fuego o frío. Porque no conoces otra cosa. Porque no te han enseñado a sentir diferente.
Porque no te has atrevido a decir adiós.
Crees que tu corazón se congelará, y nunca más volverá a sentir fuego. Y te doy la razón. Que lo mejor que te puede pasar es que no sientas jamás ese ardor que te consume. Que hay otro estado, ni tan frío ni tan sofocante.
Un punto medio de una calidez suave, acogedora.
Que no te abrasa. Que no te hiela.
Que te llena el pecho y se extiende hasta las puntas de los dedos de tus pies.
Y es al decir adiós, cuando aparecerá alguien que te abrazará tan fuerte que tu corazón se derretirá de nuevo. Quizá no la semana que viene, ni el año que viene. Pero llegará. Cuando aprendas a decir adiós de verdad, con todas sus consecuencias. Entonces tu alma quedará libre para dar bienvenidas a alguien que de verdad lo merezca.
dejar marchar
Poco a poco aprenderás a decir adiós al que se aprovechó de ti, de tu amistad y de tu confianza. De quien te vende por menos que nada. Adiós a esas personas que hoy están aquí y mañana con el sol que más alumbra. Que buscan estar a la sombra de otras personas, porque son incapaces de irradiar luz.
Esas personas interesadas, egoístas, y tristes. Ésas son las que se merecen tu adiós. Pero el que lleva tilde y punto final.
Rodéate de gente que también aprendió a decir adiós, porque con ellos tendrás la certeza de su amistad. Han sufrido, han llorado, y han dejado ir.
Saben lo que quieren, y lo que es más bonito, te quieren a su lado.
Con tus rarezas, con tus manías, pero te quieren a su lado.
Cuando aprendas a decir adiós, construirás relaciones verdaderas y enriquecedoras.
Tu círculo se reducirá, pero no cambiarás a ninguna de esas personas que lo forman ni por todo el oro del mundo.
Dicen que los amigos son la familia que elegimos. Di adiós al que no puedas llamar hermano.
El miedo a la soledad a veces nos empuja a poner puntos suspensivos. A decir hasta luego en vez de un no quiero verte más. Pero esa soledad es necesaria para saber a quién necesitas a tu alrededor.
Quizá por eso mantenemos relaciones a lo largo de nuestra vida que ni aportan, ni te hacen crecer, ni te completan. Lo peor que te puede pasar es vivir rodeado de gente, y sentirte solo.
Con tanto ruido, los sentimientos los escuchas con interferencias, como si se tratase de una radio vieja mal sintonizada.
Escúchate. Aléjate del ruido.
Tu tiempo es valioso.
No lo malgastes con personas que no lo merecen.
Aprende a decir adiós. Libérate de esas cadenas y haz espacio para nuevos recibimientos.
Porque como bien dice el maestro Sabina; “Para decir con Dios, a los dos nos sobran los motivos”.

Carta a quien me lastimó

carta
Cuando mantienes tu resentimiento hacia otra persona, estás amarrado a esa persona o a esa situación, por un vínculo emocional que es más fuerte que el acero. Perdonar es la única forma de disolver ese vínculo y lograr la libertad
Catherine Ponder 

Te escribo esta carta a ti, aunque nunca la leas. Me hiciste daño, mucho daño. En la naturaleza no existe la justicia y yo sigo sufriendo. Pero hoy me he dado cuenta que de alguna forma tengo que sacar de dentro de mí el profundo pesar que siento y eso es lo que voy a hacer.
Desconfío del rencor porque no es un buen amigo, por eso no lo quiero conmigo. Además el rencornos lleva a sentir miedo y es precisamente lo que necesito que desaparezca. No es que te tema, es que tengo miedo a revivir mi sufrimiento y a volver a caer en el mismo error.
Por eso he decidido que tengo que afrontarlo, ponerme frente a frente a tu persona y a todo lo que tú significas; sea en mi mente o no, y hacerme valer. Si reduzco este miedo conseguiré reducir todos los demás.
Yo te quería y confiaba en ti, ¿sabes? En realidad no pedía nada extraordinario pero si lo hubiese sabido no hubiese permitido que me dañaras. No voy a olvidar nunca lo insoportable que es este dolor ni lo mucho que me ha enseñado. Al fin y al cabo te tengo que dar las gracias por algo.
He aprendido que no puedes darle a alguien algo que no quiere recibir. Te permitiste el lujo de dejármelo demasiado claro; tanto como lo importante que es saber lo que es malo en tu vida y te está consumiendo.
Pues sí, me he dado cuenta de que eras tan perjudicial para mí que me has impedido avanzar durante mucho tiempo.  

larissa

Como alguien dijo alguna vez el verdadero odio es el desinterés, y el asesinato perfecto es elolvido. No pienso arrojar una piedra hacia arriba, pues lo más probable es que caiga en mi cabeza. Desde luego que no aportaría felicidad, sino que sumaría miseria a mi vida sin contemplación.
Dicen que sangrar no duele, que es placentero, que es como si te disolvieras en aceite y respiraras muy hondo. Lo mismo pasa con el dolor en el alma, de alguna forma te anestesia y no eres consciente de lo que está suponiendo para ti hasta que es demasiado tarde.
Quizás estoy escribiendo estas líneas con lágrimas de sangre y de puro dolor pero estoy cogiendo el mando y haciéndome con el timón porque he llegado a tiempo de ir más allá y superar lo que tú provocaste en mí.
He de decirte que escribo esto porque detrás de mi coraje existe una gran tristeza, una infinita humillación y una delicada decepción. Siento que camino por encima de un volcán mientras mi vida pende de un hilo, por lo que tengo que soltar el lastre que supone cargar con lo que tú ocasionaste en mi interior.
Necesito muy poco para estar bien pero es por eso que tengo que sacar de dentro de mí todo este dolor. A partir de hoy no te guardo rencor ni ira ni rabia, no quiero cosas innecesarias en mi corazón. Toda experiencia dolorosa encierra dentro una gran semilla de crecimiento y liberación.
La realidad es que hoy me pregunté si podía hacer algo valioso, entonces decidí escribir esto. Esta carta no es por ti, es por mí, porque necesito liberar de mi espalda tu carga. Me he parado a pensar en que no quiero nada negativo en mi vida y me he dado cuenta de que ahí estás tú y todo lo que hiciste, así como la forma en la que me haces sentir.
Me he percatado de que reflexionar sobre ti es el mayor acto de amor propio que puedo llevar a cabo. Hoy puedo decir que me estás haciendo un favor porque ahora más que nunca me quiero y sé que no quiero hacer de mi cuerpo la tumba de mi alma, que puedo afrontar todo lo que hay en mi interior. No hay que tener miedo a vivir porque todo consiste en reaprender a hacerlo.

Imágenes de Marc Little y Larissa Kulik

5 heridas emocionales de la infancia que persisten cuando somos adultos

heridas
 
Los problemas vividos en la infancia vaticinan cómo será nuestra calidad de vida cuando seamos adultos. Además, estos pueden influir significativamente en como nuestros niños de hoy actuarán mañana y en como nosotros, por otro lado, afrontaremos las adversidades.
Así, de alguna forma, a partir de estas 5 heridas emocionales o experiencias dolorosas de la infancia, conformaremos una parte de nuestra personalidad. Veamos a continuación cuáles son nuestras heridas….

1- El miedo al abandono


La soledad es el peor enemigo de quien vivió el abandono en su infancia. Habrá una constante vigilancia hacia esta carencia, lo que ocasionará que quien la haya padecido abandone a sus parejas y a sus proyectos de forma temprana, por temor a ser ella la abandonada. Sería algo así como “te dejo antes de que tú me dejes a mí”, “nadie me apoya, no estoy dispuesto a soportar esto”, “si te vas, no vuelvas…”.
Las personas que han tenido experiencias de abandono en la infancia, tendrán que trabajar sumiedo a la soledad, su temor a ser rechazadas y las barreras invisibles al contacto físico.
La herida causada por el abandono no es fácil de curar. Así, tú mismo serás consciente de que ha comenzado a cicatrizar cuando el temor a los momentos de soledad desaparezca y en ellos empiece a fluir un diálogo interior positivo y esperanzador.

2- El miedo al rechazo


Es una herida muy profunda, pues implica el rechazo de nuestro interior. Con interior nos referimos a nuestras vivencias, a nuestros pensamientos y a nuestros sentimientos.
En su aparición pueden influir múltiples factores, tales como el rechazo de los progenitores, de la familia o de los iguales. Genera pensamientos de rechazo, de no ser deseado y de descalificación hacia uno mismo. 
La persona que padece esta dolorosa experiencia no se siente merecedora de afecto ni de comprensión y se aísla en su vacío interior por el miedo de ser rechazado. Es probable que, si hemos sufrido esto en nuestra infancia, seamos personas huidizas. Por lo que debemos de trabajar nuestros temores, nuestros miedos internos y esas situaciones que nos generan pánico.
Si es tu caso, ocúpate de tu lugar, de arriesgar y de tomar decisiones por ti mismo. Cada vez te molestará menos que la gente se aleje y no te tomarás como algo personal que se olviden de ti en algún momento.

3- La humillación


Esta herida se genera cuando en su momento sentimos que los demás nos desaprueban y nos critican. Podemos generar estos problemas en nuestros niños diciéndoles que son torpes, malos o unos pesados, así como aireando sus problemas ante los demás; esto destruye la autoestima infantil.
El tipo de personalidad que se genera con frecuencia es una personalidad dependiente. Además, podemos haber aprendido a ser “tiranos” y egoístas como un mecanismo de defensa, e incluso a humillar a los demás como escudo protector.
Haber sufrido este tipo de experiencias requiere que trabajemos nuestra independencia, nuestra libertad, la comprensión de nuestras necesidades y temores, así como nuestras prioridades.

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4- La traición o el miedo a confiar


Surge cuando el niño se ha sentido traicionado por alguno de sus padres principalmente, no cumpliendo sus promesas. Esto genera una desconfianza que se puede transformar en envidia y otros sentimientos negativos, por no sentirse merecedor de lo prometido y de lo que otros tienen.
Haber padecido estos problemas en la infancia construye personas controladoras y que quieren tenerlo todo atado y reatado. Si has padecido estos problemas en la infancia, es probable que sientas la necesidad de ejercer cierto control sobre los demás, lo que frecuentemente se justifica con un carácter fuerte.
Estas personas suelen confirmar sus errores por su forma de actuar. Requiere trabajar la paciencia, la tolerancia y el saber vivir, así como aprender a estar solo y a delegar responsabilidades.


5- La injusticia


Se origina en un entorno en el que los cuidadores principales son fríos y autoritarios. En la infancia, una exigencia en demasía y que sobrepase los límites generará sentimientos de ineficacia y de inutilidad, tanto en la niñez como en la edad adulta.
Las consecuencias directas en la conducta de quien lo padece será la rigidez, pues estas personas intentan ser muy importantes y adquirir un gran poder. Además, es probable se haya creado un fanatismo por el orden y el perfeccionismo, así como la incapacidad para tomar decisiones con seguridad.
Requiere trabajar la desconfianza y la rigidez mental, generando la mayor flexibilidad posible y permitiéndose confiar en los demás.
Ahora que ya conocemos las cinco heridas del alma que pueden afectar a nuestro bienestar, a nuestra salud y a nuestra capacidad para desarrollarnos como personas, podemos comenzar a sanarlas.

12 Creencias tóxicas que deberías de alejar de tu mente


1) No soy lo suficientemente bueno

Lo único que conseguirás creyendo esto es que, efectivamente, no lo seas. Es importante concentrarse en pensamientos positivos que puedan darte esos ánimos o energía oculta que necesitas para lograr los objetivos que te has propuesto. Los pensamientos negativos tan solo te alejarán más de él.

2) Ya perdí mi oportunidad

Puede que hayas dejado escapar una oportunidad muy importante… pero no deberías de lamentarte por ello. El mundo está lleno de oportunidades que puedes aprovechar; así que levántate, aclara tu mente y piensa en todo lo bueno que todavía está por llegar. Esta vez sí que estarás preparado para ello.
Vídeo: “No dejes pasar ninguna oportunidad”

3) No tengo ninguna razón para sonreír ahora mismo

No la necesitas. Tan solo sonriendo conseguimos engañar al cerebro para experimentar una parte de esa sensación. Aparta los sentimientos de tristeza y aprende a sonreír más al mundo. Conseguirás atraer la buena suerte a tu vida.

4) Mi vida tendría que ser más fácil

No nos engañemos, la vida de casi todas las personas tiene su punto de complejidad. El verdadero reto no es que sea sencillo, si no que seamos capaces de encontrar la forma para esquivar todos esos obstáculos y poder llegar al final de nuestra meta.

5) Ahora estoy muy cansado… mejor lo haré más tarde

El primer paso hacia el fracaso es dejar las cosas a medias. Saca la energía que necesitas de donde no la hay y cumple con lo que te has propuesto. Verás como en el futuro agradecerás que hayas sido tan duro contigo mismo.

6) No tengo tiempo

Esto es algo que nos solemos decir muy a menudo… sin embargo, si que lo hay, tan solo tenemos que aprender a optimizar las horas del día. Siguiendo un horario estricto y unos patrones repetitivos conseguiremos tener tiempo para lo que queramos.

7) Tengo demasiadas obligaciones

Es cierto que las obligaciones nos quitan ese tiempo que comentábamos anteriormente para hacer lo que queremos conseguir. Sin embargo, podemos encontrar el tiempo suficiente para hacer todo a la vez. Intenta encontrar algunos momentos al día y verás como logras optimizarlo al máximo.

8) Necesito una garantía antes de empezar

No vas a conseguir ningún tipo de garantía… por lo que vas a tener que arriesgar si realmente quieres triunfar. Si fuera tan sencillo, todos seríamos personas de éxito y no habría que esforzarse demasiado para conseguirlo. No siempre el camino es sencillo pero, si trabajas constantemente, los resultados no tardarán en llegar.

9) La gente no cree en mí porque soy diferente

Todos somos diferentes a nuestra manera, así que no es una excusa válida. Aprovecha lo que es distinto en ti para destacar sobre los demás.

10) Yo no me merezco ser tratado mejor

Todos merecemos el mismo trato así que si alguien te ha humillado de alguna manera, es hora de que te pongas en pie y le digas lo que tengas que decir a la cara.

11) Mi vida es aburrida

Puede ser, pero en tu mano está el poder cambiarlo. ¿Te aburre tu rutina diaria? Intenta encontrar algo para que sea diferente.
Esquiva estos comportamientos y lograrás recorrer tu camino con éxito.

LA MIRADA DEL AMOR - JORGE BUCAY


TECNICA PARA ALIVIAR LA ANSIEDAD


Estás sentado tranquilamente pero de repente comienzas a sentirte extraño. Se te dificulta respirar y sientes una sensación de agobio en el pecho. La intranquilidad sienta casa y no logras concentrarte, por más que lo intentes. 

Es una sensación que casi todos hemos experimentado porque, en mayor o menor medida, todos hemos sido víctimas de la ansiedad. El problema comienza cuando la ansiedad se convierte en un estado constante, que afecta nuestro desempeño y merma considerablemente nuestra calidad de vida.

Por eso, no es extraño que el consumo de ansiolíticos haya aumentado de manera alarmante en todo el mundo. De hecho, se estima que uno de cada tres españoles han recurrido a estos medicamentos a lo largo del último año.

Sin embargo, los medicamentos para la ansiedad deben ser el último recurso. Es mejor probar con otras técnicas, que no tienen efectos adversos y que están dirigidas a erradicar el problema de raíz, no a esconderlo. Una de las técnicas para aliviar la ansiedad llega de la mano de un estudio realizado en la Universidad de Michigan.

Hablar contigo mismo en tercera persona


Hablar con nosotros mismos, pero en tercera persona, utilizando los pronombres “ella” o “él”, o nuestro nombre, puede aliviar la ansiedad y mejorar nuestro desempeño en situaciones de tensión, como por ejemplo, cuando debemos dar un discurso en público o queremos causar una buena impresión en una entrevista de trabajo.

¿Cómo es posible?

Cuando nos referimos a nosotros en tercera persona, en vez de utilizar el clásico “yo”, podemos tomar distancia, establecemos un espacio entre el “yo” que observa y reflexiona y el “yo” que se deja invadir por la ansiedad. Este simple cambio en el discurso nos permite ver la situación con más perspectiva por lo que podremos enfrentarla más como un desafío que como un obstáculo.

En el estudio en cuestión se le pidió a las personas que imaginaran una situación en la que no se sentirían cómodos, que les generase mucha ansiedad. A continuación, se evaluó su nivel de ansiedad y les pidieron que escribieran los pensamientos que le venían a la mente.

Luego, les dieron diferentes afirmaciones para que manejaran la ansiedad, que debían repetir en su mente. Como por ejemplo: “Voy a pensar en otra cosa”, “Enfrentar esta situación me hará sentir bien” o “Voy a hacerlo bien”. El truco radicaba en que algunos participantes debían repetir estas afirmaciones en primera persona y otros en tercera persona. 

Así los psicólogos pudieron apreciar que quienes mantenían un diálogo interior en tercera persona, reducían sus niveles de ansiedad.

El poder del diálogo interior


Pequeños cambios en el lenguaje que utilizamos para referirnos a nosotros mismos pueden tener una influencia decisiva en nuestra habilidad para regular nuestros pensamientos, emociones y comportamientos en situaciones de estrés.

No se trata simplemente de pequeñas frases motivadoras del tipo “puedes hacerlo” sino de explotar al máximo el poder del diálogo interior. De hecho, un metaanálisis que recogió más de una docena de estudios llegó a la conclusión de que las auto-instrucciones son una técnica muy eficaz para aliviar la ansiedad y lidiar con las preocupaciones. 

Las auto-instrucciones no son más que esos comentarios que hacemos en nuestra mente cuando debemos enfrentarnos a una tarea complicada o nueva. En situaciones estresantes o que generan ansiedad, si dirigimos bien nuestro diálogo interior podremos:

1. Concentrar nuestra atención, focalizándonos en los elementos importantes de la actividad.

2. Regular el esfuerzo que realizamos tomando decisiones sobre lo que debemos hacer, cómo y cuándo.

3. Manejar las reacciones emocionales ante los contratiempos.

Por tanto, la próxima vez que experimentes ansiedad o nerviosismo, pon en marcha tu diálogo interior. Y asegúrate de referirte a ti en tercera persona. Es una manera de aprovechar tu coach interno.

AGUA DE ARROZ PARA EL CUTIS


El agua de arroz, el secreto para un cutis de porcelana 

Cuantas veces cocinamos arroz, lo lavamos y luego botamos esa agua pensando que no nos sirve para nada, pero no es así. Se dice que el secreto de las asiáticas para tener un cutis de porcelana es usando el agua de arroz ya que el arroz es rico en vitaminas B, hierro, ácido fólico, zinc y magnesio y lo que no sabes es que la mayoría de esos nutrientes se quedan en el agua.

El agua de arroz contiene propiedades antioxidantes, minerales y vitaminas que al ser aplicados en la piel nos aporta nutrición y nos ayuda a mejorar la apariencia de nuestra piel, ayudándonos a disminuir las irritación e inflamaciones y lo mejor, ayuda a prevenir el envejecimiento prematuro ya que ayuda atenuar las arrugas.

El inositol, es uno de los componentes del arroz que es un complejo que ayuda a estimular el flujo sanguíneo y promueve el crecimiento de las células, que esto es lo que ayuda a prevenir los signos tempranos de la edad y también para los que sufren de tener la piel grasa y los poros abierto esta es su mejor opción.

El agua de arroz ayuda a :

Brindar a la piel una capa protectora.
Deja la piel mas suave y firme.
Atenuar las arrugas tempranas.
Disminuye los poros abiertos.
Es un excelente tónico natural.
Calma las irritaciones de la piel.
Mejora la apariencia de las manchas provocadas por el sol.
Mejora la apariencia del acné
Ayuda a eliminar los puntos negros.


¿Como Hacerlo?



Si eres de las que cocinas arroz muy a menudo y no te gustaría desperdiciar ese arroz, te recomiendo que le eches agua y lo dejes aproximadamente 10 minutos y luego eches el agua en un recipiente para luego usarlo en tu piel. Pero en realidad la mejor opción para que el agua absorba todos los nutrientes que contiene el arroz, es recomendable hacerlo de la siguiente manera:

Ingredientes

1 Taza de arroz blanco

5 Tazas de agua

Preparación:

En una olla poner a hervir las 5 tazas de agua, luego agregarle la taza de arroz blanco y dejarlo a fuego lento por 5 minutos, luego con la ayuda de un colador, cuelas el arroz y el agua lo guardas en un recipiente en el refrigerador y cuando este fría, aplica en cualquier zona de tu cuerpo, con la ayuda de un algodón.

Otra opción también es echar en un recipiente la taza de arroz y las 5 tazas de agua, tapar el recipiente y dejarlo durante la noche completa, aproximadamente 12 horas, a temperatura ambiente, luego cuelas el arroz y te quedas con el agua y te lo aplicas en cualquier área de tu cuerpo o cara con la ayuda de un algodón.
El agua de arroz es un excelente tónico natural que nos ayuda a limpiar nuestra piel de las impurezas haciéndolo así una perfecta opción natural para los que tienen puntos negro y y los poros abiertos, ademas de que ayuda con el problema de acné.

RECETA - LASAÑA DE ATUN


  • 6 PERSONAS
  • PREPARACIÓN MEDIA
  • 2 EUROS/PERSONA
  • TIEMPO DE PREPARACIÓN: 60 MINUTOS
lasanha de atun

INGREDIENTES

  • 12 placas de lasaña normales (o 6 grandes)
  • 200 gr. de lomos de atún “al natural” (o Bonito del Norte)
  • 250 ml. de salsa de tomate
  • 4 huevos duros
  • 1 cebolla grande
  • 1 pimiento rojo mediano
  • 100 gr. de queso para gratinar
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal y pimienta negra recién molida, al gusto
  • Salsa Bechamel: 500 ml. de leche entera Central Lechera Asturiana
  • 60 gr. de harina
  • 80 gr. de mantequilla Central Lechera Asturiana
  • Nuez moscada y sal (al gusto)
Volvemos con una nueva receta de pasta rellena, algo que nos encanta en casa y creo que la más conocida, después de la rellena de salsa boloñesa es lasaña de atún. En el blog encontraréis ya varias recetas de este tipo, ya sean canelones o lasaña. Veréis que la lasaña está bien presente, y tenemos desde la típica con carne, hasta las más variadas, combinando ingredientes: pollo y espinacas, verduras y merluza, calabacín.
La lasaña es un plato de origen italiano, muy extendido y conocido internacionalmente. Los primeros datos sobre él nos remontan a la época de los etruscos en Italia, donde se hacía referencia a una pasta “aplanada” trabajada en un mesado. Más tarde, en tiempos de Cicerón (Imperio Romano), se mencionaba la “lasagna” tal como la conocemos hoy en día, como un plato presente en su gastronomía. La manera en que la preparamos es prácticamente la misma, alternando luego los diferentes ingredientes para intercalar entre las capas de pasta. El relleno que he utilizado para esta receta, con el atún como principal protagonista, podéis también utilizarlo para preparar canelones. Y si buscamos otros usos, hasta iría perfecto para hacer empanadillas.
Para la base del relleno, os recomiendo usar conservas de atún o Bonito del Norte de buena calidad. Hay muchas marcas en el mercado que nos aseguran un buen resultado. Podéis utilizar atún envasado “al natural” o en “aceite de oliva”, pero en este caso es mejor que lo dejéis escurrir sobre papel de cocina, así será menos “pesado” el relleno.
La bechamel sale perfecta con los pasos que os presento. Una crema suave y cremosa con la leche que compramos siempre en casa, os recomiendo la leche entera de Central Lechera Asturiana, para aportar sabor y ese punto crema yuna mantequilla que le da el punto perfecto para preparar la roux y que ligue perfectamente la mezcla. Cualquier relleno que nos guste, añadido a una bechamel y el queso gratinado, es un placer culinario que bien os merecéis. Esta receta de lasaña estoy seguro que os va a encantar, además de deliciosa, es económica y saludable, con un buen aporte de proteínas e hidratos. Es un bocado contundente, por lo que suele ser  “plato único”. Espero que os guste y que disfrutéis de esta lasaña de atún. ¡Está de rechupete!

PREPARACIÓN DEL RELLENO DE LA LASAÑA

  1. El primer paso lógico es ponerse con los huevos y cocerlos. En una cazuela ponemos agua a hervir, cocemos los huevos, pelamos y reservamos para más adelante.
  2. Picamos el pimiento en tiras. Los colocamos en un plato, tapamos con film transparente y cocinamos en el Microondas 5 minutos a máxima potencia. Con esto conseguiremos una textura parecida al pimiento asado o morrón. Retiramos y reservamos.
  3. Cortamos la cebolla en “brunoise” y sofreímos 5 min. (fuego medio) en una sartén con un poco de aceite de oliva virgen extra. Cuando esté blanda, picamos los pimientos y los añadimos. Mezclamos, salamos al gusto y seguimos pochando otros 5 minutos.
  4. Picamos ahora los huevos cocidos en pequeñas porciones y también los echamos con el resto de ingredientes. Mezclamos.
  5. A continuación, vertemos la salsa de tomate y el atún. Mezclamos todo con cuidado y dejamos cocinando a fuego bajo unos 5 minutos. Pasado el tiempo, retiramos a un plato/fuente y dejamos enfriar. Es necesario que esté el relleno frío a la hora de preparar las capas de lasaña.

PREPARACIÓN DE LA LASAÑA DE ATÚN

  1. Es un paso importante, y para que os salga perfecta, seguid los pasos que ya he compartido en el blog para preparar la bechamel.
  2. En recetas con lasaña o canelones, siempre debemos de preparar el relleno antes que la pasta, y debe de estar frío antes del montaje. La láminas de pasta, pueden ser  las que vienen ya precocinadas o las normales, para cocer.
  3. Si compráis de las de toda la vida, las coceremos en agua abundante (1 litro por cada 80 gr.). En cuanto hierva, echamos un buen puñado de sal y a continuación las placas de pasta. Primero la mitad, y luego el resto. De esta manera no se pegan, y se cocinan mejor.
  4. Os recomiendo que echéis un vistazo al envase y respetéis los tiempos de cocción que indica el fabricante. Cocida la pasta, la vamos retirando del agua, la escurrimos y la dejamos secar sobre un paño seco. Si en cambio, usáis la pasta “precocinada”, bastará con sumergirla en agua caliente unos 20 minutos. Este tiempo puede variar según la marca. Removed de vez en cuando para que no se peguen entre ellas.
  5. Precalentamos el horno: 10 minutos, a 200º C. Con todo ya preparado y frío, vamos con el montaje de la lasaña. Escogemos una fuente apta para horno, con alto de altura (5-6 cm.). En la base echamos una capa fina de bechamel, y sobre ella colocamos una fila de placas de pasta. Recortarla si es necesario para dejar toda la superficie cubierta.
  6. Vertemos un poco de relleno sobre la pasta y extendemos uniformemente. De nuevo, colocamos otra capa de pasta, seguimos con la bechamel, y añadimos algo de queso. Repetimos el proceso.
  7. En la capa superior rematamos con el resto de la bechamel y abundante queso para gratinar, bien repartido por toda la superficie. Colocamos la fuente en posición central y horneamos la lasaña.  Primero 15 min. a 200º C y para darle el toque final, dejamos 5 minutos con la función “grill” activada.
  8. De esta manera se dorará la superficie y quedará el queso bien gratinado. En esta fase no os despistéis y controlad el horno para que no se queme. Puede apurar demasiado y estropear el aspecto de la lasaña.
  9. Retiramos del horno y muy importante, la dejamos reposar para que se asiente. La lasaña sale súper caliente y se desmotarán las placas si queremos cortarla en ese momento.  Pasados 5/6 minutos podemos ya llevarla a la mesa y servirla sin problemas.