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La cultura hindú está repleta de sabiduría y de pequeños pero valiosísimos secretos que Occidente aún debe redescubrir. Quizás una de las palabras más populares de esta cultura, que se ha difundido gracias a la práctica del yoga, es “namasté”. Sin embargo, ¿sabes qué significa namasté? ¿Sabes cuánto nos puede aportar?

Una mirada etimológica imprescindible


Etimológicamente hablando, la palabra “namasté” está compuesta por dos vacablos “namas”, que significa saludo o reverencia y “te, que indica “a ti”. Por tanto, su significado literal sería: “te saludo” o “te reverencio”.

De hecho, esta palabra proviene del sánscrito, una de las lenguas indoeuropeas más antiguas que se han documentado y que en la actualidad se utiliza con fines litúrgicos en el budismo y el hinduismo. Los hindúes utilizan el vocablo namasté tanto para decir adiós como para saludar. Sin embargo, también se usa para pedir perdón y dar las gracias, implicando un signo de respeto hacia el otro.

¿Qué significa namasté?


Más allá de las disquisiciones etimológicas, el aspecto más interesante de esta palabra se desvela cuando nos adentramos en su significado filosófico. Por ejemplo, namasté se puede interpretar como “nada mío”, lo cual significa que estamos poniendo a un lado nuestro ego para adoptar una actitud humilde frente a la persona. Por eso, se afirma que cuando este saludo o despedida se hace desde el corazón, adoptando realmente esa actitud, se crea un vínculo muy especial entre ambas personas ya que dejan caer las máscaras sociales y conectan desde lo más profundo del ser. 

De hecho, no es casualidad que esta palabra haya sido elegida por el budismo, en el que se afirma que: “cuando hay una reverencia real, el sendero del Buda no decaerá”. Esto significa que no nos acercaremos a la iluminación hasta que no seamos capaces de despojarnos de todo egoísmo y segundas intenciones, para acercarnos a otra persona en “estado puro”.

El significado de namasté sería algo similar a:

Honro ese lugar dentro de ti

donde reside todo el Universo.

Honro ese lugar dentro de ti 

donde hay amor, luz, verdad y paz. 

Cuando tú estás en ese lugar,

y yo estoy en ese lugar en mí,

somos solo Uno.

¿Cómo podemos aplicar ese significado en nuestro día a día?


Namasté es una palabra que habla de la necesidad de apartar el egoísmo, de conectar con nuestro “yo” interior y de aceptar a la otra persona. Estos tres principios son fundamentales para encontrar el equilibrio psicológico y la felicidad, sobre todo si tenemos en cuenta que nuestra mayor fuente de satisfacciones e insatisfacciones son las relaciones interpersonales.

- Apartar el egoísmo. Nuestra sociedad nos ha enseñado que “una mano lava la otra y las dos lavan la cara”. Como resultado, muchas personas hacen las cosas esperando obtener algo a cambio. Sin embargo, la satisfacción verdadera solo se consigue cuando hacemos algo por el simple placer de ayudar, sin recibir nada a cambio. Cuando apartamos nuestro ego y anteponemos las necesidades de la otra persona, crecemos. 

- Conectar con nuestro “yo”. Estamos tan imbuidos en la vertiginosidad de la vida cotidiana que prácticamente no tenemos tiempo para estar a solas con nosotros mismos. Si pasamos años desatendiendo a nuestro “yo” interior, terminaremos convirtiéndonos en extraños para nosotros mismos. Por eso, cada día debes dedicarle al menos unos minutos a conectar con tus pasiones, deseos, preocupaciones y necesidades. Debes aprender a conocer la persona que habita en ti, lejos de las máscaras sociales. Recuerda que “todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado; está fundado en nuestros pensamientos y está hecho de nuestros pensamientos”.

- Conocer a la otra persona. Las prisas que impone nuestra sociedad nos obliga a relacionarnos de manera superficial y a veces nos lleva a juzgar a las personas en cuestión de segundos. Sin embargo, cada quien tiene su porpia historia de vida y tiene algo que aportarnos. Por eso, la próxima vez que te encuentres con el cartero, la cajera del supermercado o quizás ese molesto compañero de trabajo, no los apartes colocándoles etiquetas, simplemente obsérvalos sin juzgar, podrás conocer mejor a quienes te rodean y se abrirá ante ti un universo que antes estaba completamente cerrado. Te asombrará descubrir que cuando observas sin prejuicios, las cosas y las personas no son como pensabas.

- Comprender que somos parte del Universo. La palabra namasté no solo implica respeto hacia la otra persona sino que, en el fondo, subyace la conciencia de que todos formamos parte del mismo Universo. De una forma u otra, todos somos una pieza de este y, por tanto, es capcioso pensar que somos más importantes solo porque tenemos una profesión reconocida o porque tenemos más posesiones. De hecho, aprender a relacionarnos implica hacerlo desde una postura de iguales, donde cada cual tiene algo que aportar.