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5 regalos emocionales indispensables para los niños

Copiado del Rincón de la Psicología

>> 24 DE JULIO DE 2014

La infancia nos marca para toda la vida. Si te escuchas con atención, te darás cuenta de que muchas de las frases de tu diálogo interior son ideas que te transmitieron tus padres. Esa conversación con nosotros mismos puede ser positiva y nos puede dar ánimo recordándonos cuánto valemos o, al contrario, puede ser limitante y dañar profundamente nuestra autoestima. Por eso es tan importante que le prestes atención a la forma en la cual te relacionas con tu hijo.


Menos regalos materiales, más regalos emocionales


A raíz de los años de bienestar económico, comenzamos a equiparar la felicidad con las posesiones materiales. Y como queríamos que nuestros hijos fuesen felices, nos encargábamos de darles todo lo que pedían e incluso más. Sin embargo, en ese proceso de comprar cada vez más y de mejor calidad, nos imbuimos en un círculo vicioso que nos obligaba a pasar más horas en el trabajo. Como resultado, el tiempo con los niños se redujo y, cuando regresábamos a casa, estábamos demasiado agotados o muy estresados como para poder mostrar nuestra mejor cara. Por eso, los mejores regalos que le podemos hacer a un niño, son los regalos emocionales.

1. Amor, mucho amor. Los niños son muy susceptibles al rechazo ya que durante sus primeros años de vida no hay nada más importante que la aceptación de sus padres. Desgraciadamente, aún hay quienes piensan que es mejor no demostrar las emociones ya que estas son un síntoma de debilidad. Sin embargo, en la educación infantil, el desapego suele ser devastador y puede generar una persona dependiente e insegura. Al contrario, cuando el niño crece sabiendo que es amado, desarrollará una autoestima sana y se sentirá a gusto consigo mismo. Por eso los abrazos, los mimos y las palabras de afecto deben ser pan cotidiano en cualquier hogar.

2. Tiempo de calidad. Un estudio realizado recientemente en el Reino Unido desveló datos preocupantes: las familias pasan cada vez menos tiempo de calidad en compañía. Después de entrevistar a más de 2.000 padres descubrieron que estos pasan poco más de media hora diaria con sus hijos. ¿Qué es el tiempo de calidad? Ese momento en el que estamos plenamente presentes y nos dedicamos únicamente a disfrutar de la compañía. Más tiempo con los hijos equivale a organizar actividades donde ambos os podáis divertir, hablar y fortalecer el vínculo emocional que os une. A la larga, esos son los momentos que más cuentan, los que se quedarán grabados en nuestra memoria, tanto para ti como para el pequeño. 

3. Aceptación incondicional. Los niños no vienen con un manual de instrucciones bajo el brazo. Ser padres es algo que se aprende a trompicones, equivocándose y enmendando los errores. Uno de los asuntos más peliagudos y delicados son las reprimendas de los comportamientos negativos. La frase: “no te quiero porque has sido un niño malo” debería borrarse por completo del vocabulario. Debes reprobar el comportamiento, no a la persona. El niño debe saber que ha hecho algo mal, así le estarás ayudando a corregir sus errores, pero también debe saber que, a pesar de eso, le quieres. La aceptación incondicional le transmite seguridad y confianza y, al contrario de lo que muchos piensan, no genera a niños desobedientes o malcriados.

4. Límites seguros. Los niños necesitan límites, estos le dan un sentido a su mundo, le permiten orientar su comportamiento y sentirse más confiados. Cuando son pequeños, el entorno que les rodea es completamente nuevo y puede llegar a ser desconcertante o incluso atemorizante, sobre todo si tiene que tomar decisiones para las cuales no tiene la madurez suficiente o enfrentarse a consecuencias para las cuales no está preparado psicológicamente. Los límites le permiten saber qué hacer en determinadas situaciones y, con este guión en mente, pueden desenvolverse con más confianza, experimentando una sensación de contención y protección. Recuerda que un niño sin límites no es un niño feliz. 

5. Píldoras de consistencia. La inconsistencia educativa es una de las peores apuestas que pueden hacer los padres. Cuando dices una cosa hoy y otra al día siguiente, el niño se siente confundido y, a la larga, no respetará tus decisiones porque sabe que puedes cambiar de opinión rápidamente. Por otra parte, le estarás dando un pésimo ejemplo ya que no le transmitirás valores como la constancia, la importancia de respetar las promesas y la necesidad de mantener las decisiones tomadas. Ser consistentes en la educación le transmite al niño la seguridad que necesita y fomenta la confianza en sus padres dejándole espacio para que haga lo que mejor se le da: disfrutar de su infancia.