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Las 5 etapas del duelo (cuando un familiar fallece)


Cuando perdemos a una persona allegada, podemos pasar por estas fases de duelo emocional.

​Las 5 etapas del duelo (cuando un familiar fallece)
Imagen: Pexels
Arturo TorresArturo TorresPsicólogo
La pérdida de alguien querido es una de las experiencias que más dolor psicológico produce. Sin embargo, dentro de esta clase de experiencias dolorosas existen matices, formas diferentes de vivir el duelo tanto en lo emocional como en lo cognitivo.
Esta idea es la que desarrolló la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross en su teoría de las 5 etapas del duelo, publicada en el año 1969 en el libro On death and dying". Esta idea sirve para entender mejor el modo en el que se sienten las personas en fase de duelo y cómo tienden a actuar.

El modelo de Elisabeth Kübler-Ross

Elisabeth Kübler-Ross fue una psiquiatra suizo-estadounidense nacida en 1926 que se especializó en los cuidados paliativos y en las situaciones cercanas a la muerte. Después de trabajar durante años en contacto con pacientes en estado terminal, desarrolló el famoso modelo de Kübler-Ross en el que establece 5 etapas de duelo.
Aunque el nombre de esta teoría pueda parezca indicar lo contrario, Kübler-Ross no llegó a la conclusión de que después de la muerte de un ser querido se pasa por cinco fases que siempre se van sucediendo en orden, de forma secuencial.
Lo que hizo esta investigadora fue, más bien, definir cinco estados mentales que actúan como referencia para entender cómo se va produciendo la evolución del doliente, desde el momento en el que sabe que su ser querido ha muerto hasta que acepta esta nueva situación.
Eso significa que no todas las personas en fase de duelo tienen por qué atravesar las 5 etapas, y que aquellas que atraviesan no aparecen siempre en el mismo orden. Sin embargo, Elisabeth Kübler-Ross consideró que estas etapas sí eran útiles como sistema de categorías para poder conceptualizar de un modo relativamente simple todos los matices del modo en el que se gestiona el duelo, una fase que en algunos casos se expresa a través de la labilidad emocional.

Las 5 etapas del duelo

De forma resumida, las 5 etapas del duelo tras la muerte de alguien querido son descritas por Elisabeth Kübler-Ross de la siguiente manera.

1. Etapa de la negación

El hecho de negar la realidad de que alguien ya no está con nosotros porque ha muerto permite amortiguar el golpe y aplazar parte del dolor que nos produce esa noticia. Aunque parezca una opción poco realista, tiene su utilidad para nuestro organismo, ya que ayuda a que el cambio de estado de ánimo no sea tan brusco que nos dañe.
La negación puede ser explícita o no explícita, es decir, que aunque nos expresemos verbalmente aceptando la información de que el ser querido ha muerto, a la práctica nos comportamos como si eso fuese una ficción transitoria, es decir, un papel que nos toca interpretar sin que nos lo creamos del todo.
En otros casos, la negación es explícita, y se niega de manera directa la posibilidad de que se haya producido la muerte.
La negación no puede ser sostenida de manera indefinida, porque choca con la realidad que aún no se ha llegado a aceptar del todo, así que terminamos abandonando esta etapa.

2. Etapa de la ira

La rabia y el resentimiento que aparecen en esta etapa son fruto de la frustración que produce saber que se ha producido la muerte y que no se puede hacer nada para arreglar o revertir la situación.

El duelo produce una tristeza profunda que sabemos que no puede ser aliviada actuando sobre su causa, porque la muerte no es reversible. Además, la muerte es percibida como el resultado de una decisión, y por eso se buscan culpables. Así, en esta fase de la crisis lo que domina es la disrupción, el choque de dos ideas (la de que la vida el lo deseable y la de que la muerte es inevitable) con una carga emocional muy fuerte, por lo que es fácil que se den estallidos de ira.
Así, es por eso que aparece una fuerte sensación de enfado que se proyecta en todas las direcciones, al no poder encontrarse ni una solución ni alguien a quien se le pueda responsabilizar completamente por la muerte.
Aunque una parte de nosotros sepa que es injusto, la rabia se dirige contra personas que no tienen la culpa de nada, o incluso contra animales y objetos.

3. Etapa de la negociación

En esta etapa se intenta crear una ficción que permita ver la muerte como una posibilidad que estamos en posición de impedir que ocurra. De algún modo, ofrece la fantasía de estar en control de la situación.
En la negociación, que puede producirse antes de que se produzca la muerte o después de esta, fantaseamos con la idea de revertir el proceso y buscamos estrategias para hacer que eso sea posible. Por ejemplo, es frecuente intentar negociar con entidades divinas o sobrenaturales para hacer que la muerte no se produzca a cambio de cambiar el estilo de vida y "reformarse".
Del mismo modo, el dolor es aliviado imaginando que hemos retrocedido en el tiempo y que no hay ninguna vida en peligro. Pero esta etapa es breve porque tampoco encaja con la realidad y, además, resulta agotador estar pensando todo el rato en soluciones.

4. Etapa de la depresión

En la etapa de la depresión (que no es en sí el tipo de depresión que se considera trastorno mental, sino un conjunto de síntomas similares), dejamos de fantasear con realidades paralelas y volvemos al presente con una profunda sensación de vacío porque el ser querido ya no está ahí.
Aquí aparece una fuerte tristeza que no se puede mitigar mediante excusas ni mediante la imaginación, y que nos lleva a entrar en una crisis existencial al considerar la irreversibilidad de la muerte y la falta de incentivos para seguir viviendo en una realidad en la que el ser querido no está. Es decir, que no solo hay que aprender a aceptar que la otra persona se ha ido, sino que además hay que empezar a vivir en una realidad que está definida por esa ausencia.
En esta etapa es normal que nos aislemos más y que nos notemos más cansados, incapaces de concebir la idea de que vayamos a salir de ese estado de tristeza y melancolía.

5. Etapa de aceptación

Es en el momento en el que se acepta la muerte del ser querido cuando se aprende a seguir viviendo en un mundo en el que ya no está, y se acepta que ese sentimiento de superación está bien. En parte, esta fase se da porque la huella que el dolor emocional del duelo se va extinguiendo con el tiempo, pero también es necesario reorganizar activamente las propias ideas que conforman nuestro esquema mental.
No es una etapa feliz en contraposición al resto de etapas del duelo, sino que al principio se caracteriza más bien por la falta de sentimientos intensos y por el cansancio. Poco a poco va volviendo la capacidad de experimentar alegría y placer, y a partir de esa situación las cosas suelen volver a la normalidad.

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Sheshonq I: El Faraón que conquistó Jerusalén


Posted: 24 Jun 2017 09:28 AM PDT
Sheshonq I: El Faraón que conquistó Jerusalén
De origen libio, el faraón Sheshonq I emprendió en el año 925 a.C. una campaña contra Israel y Judea en la que conquistó y saqueó Jerusalén. Luego hizo grabar su gran victoria en los muros del templo de Karnak
Entre los años 1180 y 1174 a.C., el faraón Ramsés III reubicó en el delta del Nilo a un contingente de soldados de origen libio. Estos mercenarios, llamados mashauash en los textos, tenían como misión proteger el este del país de posibles invasiones asiáticas. Poco a poco, estos grupos formaron verdaderos linajes libios en torno a sus dirigentes locales, los llamados «jefes de los mashauash».


Dos siglos después de su establecimiento, uno de estos jefes aprovechó una crisis sucesoria para convertirse en faraón. Sheshonq I inauguró una nueva dinastía egipcia, la XXII, y se propuso que Egipto fuera de nuevo la potencia dominante en el Próximo Oriente.

El ascenso de Sheshonq al trono no fue casual. Su familia, originaria de Bubastis, en la zona oriental del Delta, gozaba de mucha influencia y poder gracias, por un lado, a las relaciones que había establecido con los sacerdotes de Ptah en Menfis y, por el otro, a la cuidada política matrimonial que los llevó a emparentar con los faraones. El propio Sheshonq era sobrino (tal vez incluso hijo) del faraón Osorcón el Viejo, y su hijo, llamado también Osorcón, se casó con la hija de Psusenes II, la princesa Maatkare. Esta proximidad a la corte faraónica permitió que Sheshonq se convirtiera en consejero de confianza de Psusenes II, el último faraón de la dinastía XXI. Así lo prueba una estela en la que Psusenes lo menciona con el título de «ése es mi grande», que precisamente significaba «el favorito».
Durante su campaña en Canaán, Sheshonq ocupó numerosas ciudades, cuyos nombres hizo grabar en el templo de Amón en Karnak, como el que aparece sobre estas líneas.
Durante su campaña en Canaán, Sheshonq ocupó numerosas ciudades, cuyos nombres hizo grabar en el templo de Amón en Karnak, como el que aparece sobre estas líneas. Crédito: E. LESSING / ALBUM
De este modo, cuando Psusenes murió sin descendencia, Sheshonq estaba perfectamente situado para hacerse con la sucesión, como así ocurrió. No sabemos las circunstancias concretas de este relevo, pero parece que se plantearon dudas sobre la legitimidad del nuevo faraón, a juzgar por la insistencia del propio Sheshonq en proclamar la continuidad de su reinado con el de la dinastía XXI, adoptando, por ejemplo, parte de los títulos de su fundador, el faraón Esmendes, aunque no los ostentó hasta el segundo año de su reinado. En cambio, su origen extranjero hizo que no fuera bien visto entre los sumos sacerdotes de Amón en Tebas, quienes lo llamaban «gran jefe de los ma» (abreviatura de mashauash) aludiendo a su origen libio.

De caudillo libio a faraón

Para acabar con esta resistencia soterrada del clero de Tebas, Sheshonq se dirigió allí de inmediato con el ejército. Se detuvo en Abydos para consultar el oráculo de este lugar sagrado, que lo ratificó en el trono. De esta visita se conserva parte de una estela en la que aparece Sheshonq representado como faraón de acuerdo con los cánones artísticos egipcios. Solamente la presencia de las plumas en la cabeza y su título de «gran jefe de los ma» pone de manifiesto su origen no egipcio.
Siguiendo una política que era muy habitual en la dinastía XXI, Sheshonq nombró sumo sacerdote de Amón a uno de sus hijos, Iuput, con la intención de controlar la región tebana. Este príncipe ostentaba, además, los títulos de general en jefe de los ejércitos y gobernador del Alto Egipto, con lo que acumulaba en su persona el poder político, religioso y militar del sur del país. Con el propósito de controlar los puestos religiosos y políticos de importancia, Sheshonq nombró a otro de sus hijos, Dyedptahiuefanj, como tercer profeta de Amón, y al jefe de una tribu aliada llamado Nesy, cuarto profeta de Amón.
Uno de los pocos vestigios del reinado de Sheshonq I es esta esfinge hallada en Tanis. En realidad, la esfinge había pertenecido a Amenhemat II, y luego Merneptah y Sheshonq pusieron sus nombres.
Uno de los pocos vestigios del reinado de Sheshonq I es esta esfinge hallada en Tanis. En realidad, la esfinge había pertenecido a Amenhemat II, y luego Merneptah y Sheshonq pusieron sus nombres. Crédito: CHRISTIAN DECAMPS / RMN-GRAND PALAIS
Dentro de esta política dirigida a reafirmar su dominio sobre todo Egipto, Sheshonq prestó especial atención a una de las zonas más conflictivas del país, el Egipto Medio. Para gobernar este territorio, ordenó construir una fortaleza en Teudyoi (el-Hiba) y nombró como comandante militar de Heracleópolis a su hijo Nimlot. Los demás puestos de importancia los repartió entre otros miembros de la familia real y hombres de su confianza, con muchos de los cuales estableció alianzas por medio de matrimonios con princesas reales.

El faraón conquistador

La política exterior de Sheshonq I también fue enérgica. Su objetivo era recuperar el prestigio internacional y la influencia política y económica que Egipto había tenido en el Próximo Oriente durante el Imperio Nuevo, y para ello se sirvió tanto de la diplomacia como de la fuerza. Ejemplo de lo primero es la alianza que estableció con el rey Abibaal de Biblos, ciudad en la que se ha hallado una estatua de Sheshonq a la que el rey fenicio añadió su nombre. En cambio, en Nubia –que, desde mediados del siglo XI a.C. era un Estado independiente– el faraón realizó una campaña militar, documentada por las inscripciones halladas en el templo de Amón en Karnak, para asegurar el abastecimiento de oro, mirra y otros productos exóticos.

Pero el acontecimiento que marcó el reinado de Sheshonq fue, sin duda, la expedición que realizó contra Israel y Judea. El hecho se recoge en la Biblia hebrea, en los libros de Crónicas y de los Reyes, así como en una estela conservada en el templo de Amón en Karnak. Según esta última fuente, el asesinato de unos egipcios a manos de extranjeros desencadenó la campaña de represalia contra los judíos por parte del faraón. La Biblia, en cambio, nos muestra las causas del conflicto desde el punto de vista de los judíos. El primer libro de los Reyes cuenta cómo el profeta Ajías había vaticinado que Jeroboam, un alto funcionario al servicio del rey judío Salomón, derrocaría a éste y gobernaría sobre Israel. Jeroboam, entonces, se puso al frente de una revuelta que fue sofocada. Para salvar su vida, tuvo que buscar refugio en Egipto. «Salomón trató de dar muerte a Jeroboam –dice el libro–, pero Jeroboam fue y huyó a Egipto, junto a Shishaq [Sheshonq], rey de Egipto, y en Egipto permaneció hasta la muerte de Salomón» (I Reyes, 11:40). Tras el fallecimiento de Salomón, Jeroboam regresó a su tierra para hacerse con el trono, pero lo que logró fue dividir al país: diez de las doce tribus de Israel lo aceptaron como rey y fundaron el reino de Israel, mientras que las otras dos reconocieron al hijo de Salomón, Roboam, que gobernaba en el reino de Judá, con capital en Jerusalén.
Uno de los pocos vestigios del reinado de Sheshonq I es esta esfinge hallada en Tanis. En realidad, la esfinge había pertenecido a Amenhemat II, y luego Merneptah y Sheshonq pusieron sus nombres.
Uno de los pocos vestigios del reinado de Sheshonq I es esta esfinge hallada en Tanis. En realidad, la esfinge había pertenecido a Amenhemat II, y luego Merneptah y Sheshonq pusieron sus nombres. Crédito: YVES GELLIE / CORBIS / CORDON PRESS

El ataque a Jerusalén

Sheshonq decidió intervenir en la zona con el pretexto de prestar auxilio a su antiguo aliado Jeroboam, aunque en realidad lo que pretendía era debilitar decisivamente a los hebreos, que suponían una dura competencia comercial para Egipto. En torno a 925 a.C., el faraón reunió una fuerza que la Biblia estimaba en unos 1.200 carros de guerra y 6.000 infantes libios y nubios. Con ella logró la rápida conquista de las principales ciudades del territorio judío.
En una inscripción del templo de Karnak, realizada en conmemoración de la campaña, se menciona un total de 150 ciudades hebreas que fueron tomadas por Sheshonq, un número tan alto que ha hecho pensar a algunos investigadores que no era sino una exageración propia de la propaganda política. Sin embargo, el descubrimiento de nuevas inscripciones en territorio de Israel, en las que se menciona la conquista de Megiddo y de otras ciudades, ha confirmado los datos de Karnak y la Biblia.

La propia Jerusalén fue sometida a asedio, episodio del que sólo sabemos lo que nos dice el segundo libro de Crónicas: «Subió, pues, Shishaq, rey de Egipto, contra Jerusalén y se apoderó de los tesoros de la Casa de Yahveh y los del palacio real; todo lo cogió, llevándose también los escudos de oro que Salomón había fabricado». A continuación, Sheshonq se dirigió hasta la ciudad de Megiddo, donde erigió una estela conmemorativa y volvió por el monte Carmelo hacia el sur.

Al regreso de su victoriosa campaña sobre Jerusalén, Sheshonq pudo dedicarse por entero a otra actividad que caracterizaría su reinado: las construcciones monumentales. Levantó edificios religiosos en su Bubastis natal y en el templo de Ptah en Menfis, pero destacan sobre todo sus edificaciones en Karnak, dirigidas por su hijo Iuput. En un portal del templo de Amón, el llamado pórtico Bubastida, hizo grabar los famosos relieves de la campaña de Jerusalén, erigió una estela cerca del templo levantado en el Imperio Medio y construyó asimismo una «sala de las fiestas» similar a la de Tutmosis III. Este último, el faraón conquistador por excelencia, había sido quizás el modelo al que Sheshonq se había esforzado en igualar: sus victorias aún resonaban en la memoria de los egipcios, lo mismo que esperaba Sheshonq lograr con su sensacional campaña en Jerusalén.
Vía: National Geographic

DEJA DE PENSAR


Posted: 25 Jun 2017 07:56 PM PDT


Los años pasan volando. Tu vida pasa volando. Antes de que te des cuenta estarás fuera de tu cuerpo y ¿dónde estarás? 
Si sabes quién eres, no estarás en ninguna parte. Si piensas que sabes quién eres, estarás en alguna parte.
A dónde vamos depende de nuestros pensamientos. 
La mente es la misma, incluso después de la así llamada muerte. Tus pensamientos determinan adónde vas.

Por ejemplo: Si crees en el cielo y el infierno. Si crees en el infierno más que en el cielo, te encontrarás después de salir de tu cuerpo en una situación infernal. Pero tú has creado esa situación. Nadie te envía allí. No hay nadie que te envíe a ningún lugar. Tú creas el lugar al que vas por lo que sabes.
Si crees que mereces ir al cielo te encontrarás en un lugar celestial. Pero eso es sólo por un corto tiempo. Entonces la ley del karma se hace cargo y te lleva donde se supone que debes estar. Puedes encarnar en este planeta de nuevo. O puedes ir a un planeta diferente.

Por lo tanto, la persona sabia, no quiere ir a ninguna parte.
La persona sabia nunca muere. Porque nunca ha nacido.
No hay ningún lugar adónde ir y no hay nada que hacer. Simplemente te fundes en la consciencia. Te conviertes en consciencia. Te conviertes en omnipresencia y siempre eres feliz.
No hay nacimiento y no hay muerte. No hay un ir y venir. No hay absolutamente nada. Pero la nada a la que me refiero se llama consciencia-dicha. La nada a la que me refiero es, tú no pierdes tu individualidad, tu individualidad se expande y te vuelves omnipresente.

Puede que hagas la pregunta, "¿Cómo puede la individualidad de cada uno expandirse de la misma manera? ¿Entonces habrá miles de millones de individualidades?" 
No, sólo hay una individualidad y ésta es el Ser (Sí mismo). Y ésta eres tú. Tú eres la Realidad Última. Pero ahora mismo con tu mente finita es difícil que lo comprendas. Es por eso que tienes que entender que tú no eres tu cuerpo-mente fenoménico. En cuanto te deshaces del concepto de cuerpo-mente eres libre.

Siempre y cuando creas que eres la consciencia del cuerpo-mente, estás bajo las leyes del karma. Y todo lo que le hagas a otra persona, vendrá de regreso a ti. Tendrás que pagar por todo. Todo lo que hagas a otra persona siempre vuelve.
La única libertad que tienes es comprender que tú no eres el cuerpo y guardar silencio o no reaccionar ante cualquier condición.

La mente nunca se detiene, siempre va de acá para allá. La mente no sabe la diferencia entre el cuerpo actuando o el cuerpo no actuando. La mente se mueve por los mismos pensamientos que tienes. Es sólo cuando los pensamientos paran, cuando cesan, que la mente deja de moverse. Y cuando la mente deja de moverse, todo el karma cesa.

Y cuando no hay karma, ya no tiene ningún poder sobre ti. No estás bajo ninguna ley. Así que no hay nada que puedas hacer y eres libre. Ya no hay nacimiento ni muerte para ti. Ya no hay ningún ir y venir. Tus acciones se convierten en acciones sin valor, ya que la acción sólo es vista por la persona inconsciente. En realidad, la persona consciente, despierta, no realiza ninguna acción.

Si quieres encontrar la libertad y la liberación en esta vida, tienes que ralentizar tu mente y parar tus pensamientos. Son tus pensamientos los que te mantienen en la esclavitud. La única cosa en que tus pensamientos piensan, es en el pasado y en el futuro. Pero de alguna manera tienes que llegar a estar centrado en el momento y llegar a ser totalmente espontáneo.

Sé que parece una especie de locura cuando se piensa en ello, porque te dices a ti mismo: "Bueno, ¿no tengo que planificar mi futuro? ¿No tengo que aprender las lecciones de mi pasado? ¿No tengo que trabajar hacia mi meta, lograr algo en este mundo?" 
Todas estas son tendencias humanas. Suena muy lógico cuando se piensa en ello. Pero date cuenta de lo que he dicho, "¡Cuando se piensa en ello!".

Ahora, ¿qué crees que pasaría si no tuvieras pensamientos?
Puedo asegurarte que tu vida sería mejor de lo que nunca ha sido en el mundo. Tendrías una vida mejor que la que has tenido en tu vida.

Cuando piensas, ¿qué es lo que piensas?
Piensas en tus comodidades corporales, piensas en comida, alojamiento, trabajo y dinero, salud y lo que sea. Son esos mismos pensamientos los que te mantienen alejado de tu mayor bien. Si fueras capaz de parar tu mente de pensar, un poder misterioso se haría cargo de todo y descubrirías que por no pensar estás en una mejor posición como nunca has estado en tu vida.
Pero cada vez que piensas te preocupas, ¿no? 
Te preocupas por el futuro, te preocupas por la crueldad del hombre hacia el hombre, te preocupas si tu relación va a durar, si vas a ser despedido de tu trabajo, si esto va a suceder, si aquello va a suceder. Esos mismos pensamientos causan que esas cosas sucedan.

Por lo tanto, te corresponde a ti girar la mente dentro de sí misma. Cuando la mente se vuelve hacia sí misma, reposa automáticamente en el centro del corazón. Y el centro del corazón no es más que la consciencia.
La consciencia es tu verdadera naturaleza. La consciencia es omnipresencia.
Entonces te conviertes como en una pantalla gigante. Una pantalla de cine universal gigante. Y todas las imágenes del mundo y el universo se superponen sobre ti. Despiertas al hecho de que eres la pantalla y la pantalla es la consciencia o pura conciencia. Y te das cuenta de que todo es una proyección de tu mente. Que todo es el Ser. Y puedes decir sinceramente: "Todo lo que contemplo es el Ser y yo soy eso".


Robert Adams  

No plantes flores en los jardines de personas que no van a regarlas



Nuestros recursos son finitos. Nuestra energía no es inagotable, de la misma manera en que no lo es nuestro tiempo y nuestra atención. Eso significa que debemos ser más cuidadosos cuando decidimos dónde invertiremos nuestro tiempo, atención y energía.

Desgraciadamente, a menudo no somos plenamente conscientes de que nuestros recursos emocionales y cognitivos no son inagotables, por lo que terminamos desperdiciándolos, ya sea involucrándonos en tareas que no valen la pena o relacionándonos con personas que no los valoran.

No te esfuerces por alguien que no valora lo que haces


La compasión y la capacidad para ayudar a los demás son características que nos permiten crecer como personas. Sin embargo, todo tiene un límite, pasado el cual podrías comenzar a hacerte daño sin darte cuenta y sin que la otra persona siquiera lo valore.

¿Cómo saber cuándo estás esforzándote inútilmente?

- Cuando te esfuerzas más por la otra persona que ella misma.

- Cuando tu nivel de compromiso es mayor que el de la otra persona.

- Cuando arriesgas mucho por ayudar a alguien pero esa persona no arriesga prácticamente nada por sí misma.

- Cuando te estás desgastando demasiado en el camino pero esa otra persona no está dispuesta a invertir esa misma cantidad de energía.

- Cuando esa persona no valora tu tiempo, esfuerzo y atención.

- Cuando esa persona no estaría dispuesta a hacer lo mismo por ti.

En estos casos, sería conveniente que te preguntaras si realmente vale la pena emplear energía, tiempo y esfuerzo en plantar flores que esa persona no regará puesto que no le interesa realmente.

Recuerda que hay situaciones en las cuales, la mejor manera de ayudar consiste en no ayudar. Si tu intervención adquiere tintes sobreprotectores, puede impedir que esa otra persona crezca y aprenda la lección. Después de todo, no se madura con los años sino con los daños


Un equilibrio insano donde uno se desgasta y el otro no se compromete


En muchas relaciones interpersonales, ya sea en la pareja, entre padres e hijos o entre amigos, se establece un equilibrio malsano en el que uno siempre actúa como tabla de salvación mientras el otro se limita a aferrarse.

De esta forma, la persona que asume el rol de “salvador” termina desgastándose, sin recibir prácticamente nada a cambio. Y la persona que siempre es “salvada” no logra crecer porque se encuentra demasiado cómoda con su rol.

En práctica, es como si tuvieras que plantar flores continuamente porque como la otra persona no asume su parte de la responsabilidad y no las riega, estas siempre terminan secándose. Obviamente, es un comportamiento insano que nadie repetiría, pero en las relaciones, sobre todo cuando están involucradas las emociones, no siempre es fácil percatarse de que estamos sembrando flores en terreno baldío.

Esto no significa que debas abandonar a la otra persona a su suerte, pero sin duda es señal de que vas por mal camino. Quizá esa persona es demasiado egoísta como para reconocer tu apoyo, quizá no está preparada para asumir la responsabilidad y el compromiso que demanda la situación o quizá simplemente no se ha dado cuenta del esfuerzo que estás haciendo.

De hecho, el principal problema de este equilibrio insano es que tú das, te comprometes y te responsabilizas mucho más que la otra persona para resolver un problema que no es tuyo.

Todos necesitamos y merecemos ser amados, reconocidos y apoyados


No se trata de un quid pro quo. Pero todos necesitamos saber que contamos con personas que nos quieren, apoyan y reconocen nuestro esfuerzo. Si damos continuamente, sin recibir nada a cambio, no debemos asombrarnos si un día miramos dentro de nosotros y percibimos un enorme vacío emocional.

Por eso, si bien no se trata de ayudar solo a quien nos puede devolver el favor, es importante que empleemos nuestro tiempo y energía en esas personas que realmente reconocen nuestro esfuerzo y, sobre todo, que están dispuestas a comprometerse y responsabilizarse, no con nosotros sino con ellas mismas, con su mejora y su cambio.

¿Cuál es la solución? Simplemente no debes plantar, sino ayudar a plantar, dejando claro desde el inicio que estás dispuesto a ayudar pero que la responsabilidad última no es tuya y, por ende, esperas el mismo nivel de compromiso y esfuerzo por la otra parte.