MAPA DE VISITAS

Mostrando entradas con la etiqueta LA SOLEDAD. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LA SOLEDAD. Mostrar todas las entradas

La soledad también nos protege de lo que no nos conviene


 Valeria Sabater 10, Abril 2017 en Psicología23941 compartidos
chica en soledad
La soledad libremente elegida en un momento puntual de nuestras vidas, puede actuar no solo como bálsamo, como eficaz terapia para conectar de nuevo con nosotros mismos. A veces, es también un modo de establecer una distancia sana de lo que no nos conviene, de lo que enturbia, molesta o altera nuestra paz interior.
Hablamos de lo que en psicología se define muchas veces como “soledad funcional”, un concepto que da forma a algo que a más de uno le resultará familiar: la necesidad de alejarnos de un entorno que nos es nocivo o desgastante con el fin de reencontrarnos y recuperar así nuestro bienestar psicológico.
Aquí no nos referimos por tanto a una soledad no elegida, a ese aislamiento ocasionado por unas relaciones sociales deficientes o a esa tristeza vinculada a la falta de compañía significativa. En este caso, hay un componente terapéutico esencial, y es el poder recomponer dimensiones tan básicas como la autoestima, las propias prioridades o devolvernos ese espacio propio, íntimo y privado que nos habían arrebatado.
Tal y como dijo una vez Pearl Buck, escritora y Premio Nobel de Literatura, dentro de cada uno de nosotros hay unos manantiales de gran belleza que necesitan renovarse de vez en cuando para seguir sintiéndonos vivos. Por extraño que nos parezca, algo así solo puede llevarse a cabo mediante esas épocas de soledad elegida, de soledad vital y complaciente.

El sentimiento de soledad estando en compañía, un abismo peligroso

A la mayoría nos asusta la soledad. De hecho, basta con imaginarnos a nosotros mismos caminando por un centro comercial desértico un sábado por la tarde, para que al segundo nuestro cerebro nos envíe una señal de alarma. Sentimos miedo y angustia. Esto se debe a un mecanismo básico, a un instinto que nos recuerda que no podemos sobrevivir en soledad. El ser humano es social por naturaleza y es así como hemos avanzado como especie: viviendo en grupos.
Ahora bien, en nuestro día a día encontramos hechos aún más terroríficos que un centro comercial sin clientes. Tal y como nos revelan varios estudios, casi el 60% de las personas casadas se sienten solas. El 70% de los adolescentes, a pesar de tener un gran número de amigos, se sienten solos e incomprendidos. Todo ello nos obliga a recordar que la soledad no hace referencia a la cantidad de personas que formen parte de nuestra vida, sino a la calidad emocional establecida con dichos vínculos.
Por otro lado, algo que nos sucede muy a menudo es llegamos a validar y a perpetuar en el tiempo dinámicas deficientes que nos generan una declarada infelicidad. Nos sentimos solos, incomprendidos y “quemados” en nuestros puestos de trabajo, pero continuamos con ellos porque “de algo hay que vivir”. Salimos con los amigos de siempre porque efectivamente, son los de “toda la vida”… ¿Cómo dejarlos ahora? Y aún más, hay quien alarga su relación afectiva a pesar se sentirse solo, porque teme aún más el vacío de no tener a nadie al lado.
chico
Todos estos ejemplos dan forma a esa soledad disfuncional donde uno mismo llega muchas veces a crear auténticos mecanismos de defensa para no ver la realidad, para decirse a sí mismo que todo va bien, que es querido, que es amado y que los demás valoran todo lo que uno hace. Pensar esto es como quien se está ahogando y aún así, asoma la cabeza para pedir más agua.
La infelicidad no se cura con más sufrimientoNadie merece sentirse solo estando en compañía.

La soledad como reencuentro

En ocasiones, pasar un tiempo determinado en un entorno opresivo, poco facilitador y egoísta hace que la persona esté siempre enfocada hacia ese exterior con la idea de satisfacer todas las necesidades ajenas, incubando la esperanza de que tarde o temprano se satisfagan las propias. Sin embargo, esa regla de tres no siempre se cumple.
Es entonces cuando no hay otra opción más que tomar conciencia de la propia realidad y buscar una solución. La soledad elegida, la distancia saludable y un periodo de tiempo dedicado a uno mismo es siempre saludable, necesario y catártico. No hablamos por tanto de iniciar una época de aislamiento, de hecho, tampoco se trata de escapar. Es algo muy sencillo: la clave está en dejar a un lado lo que no nos conviene.
chica cabello oscuro
Dedicarnos un tiempo a nosotros mismos es una receta que nunca falla. Es recuperar la intimidad y los espacios propios, es recordar quién éramos y pensar en quién queremos ser a partir de ahora. Puede que algo así nos lleve unas semanas o unos meses. Cada uno tiene sus ritmos y unos tiempos que es necesario aceptar y respetar.
La soledad libremente elegida en un periodo puntual de nuestras vidas no solo cura, no solo recompone muchos de nuestros pedazos rotos, es un modo también de aprender a construir adecuados filtros personales. Esos filtros por los que el día de mañana dejaremos entrar solo a aquello o aquellos que nos haga sentir bien, que se ajuste a nuestras frecuencias emocionales, a los rincones privilegiados de nuestro corazón.

LA SOLEDAD

Existen muchas formas de estar en soledad. Todos hemos estado solos en ocasiones circunstanciales, pero con la tranquilidad de que, en algún momento, alguien vendría a acompañarnos. Distinta suerte corre quien, por diversas circunstancias de la vida, se encuentra verdaderamente solo, sin nadie que se preocupe ni comparta sus penas y alegrías.

SoledadHay quien la soledad lo atrapó desprevenido y, casi sin darse de cuenta, se descubrió rodeado de ausencias. Pero también existe aquel que goza de su soledad y se esfuerza por mantenerla, tal vez convencido del refrán que reza “mejor solo que mal acompañado”.

Lo cierto es que hay que aprender a convivir con la soledad. Es vital aceptar la compañía de uno mismo y poder vivir en paz con la conciencia propia. Como dijo el poeta Gustavo Adolfo Bécquer“la soledad es el imperio de la conciencia”.

El tema de la soledad es de frecuente reflexión para los escritores e intelectuales. Pero si hay alguien que ha experimentado realmente el sentimiento, es la poeta estadounidense Emily Dickinson. La autora, fallecida en 1886, pasó gran parte de su vida encerrada en una habitación de la casa paterna. De hecho, en sus últimos quince años de vida, sólo se la vio en los jardines del hogar. Incluso dicen que, a partir de 1883, dejó de salir de su habitación, presa de una extraña fobia social. En una ocasión, Dickinson no dudó en afirmar: “Soy huésped de mí misma”.
No se trata de caer en un exceso de lirismo y de menospreciar el contacto humano y las relaciones sociales, imprescindibles para una vida plena. Pero parece evidente que Dickinson nunca estuvo del todo sola: siempre la acompañó su poesía.

Los poemas de soledad son un reflejo de la angustia que conlleva la situación y, a la vez, una forma de combatirla. “Ausencia” de Jorge Luis Borges y “Alma desnuda” de Alfonsina Storni, por ejemplo, son algunas muestras de cómo las mejores plumas han reflexionado sobre el tema.


Lee todo en: Poemas de soledad > Poemas del Alma http://www.poemas-del-alma.com/blog/especiales/poemas-de-soledad#ixzz2ahbV1VmE