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5 pruebas de madurez que el amor necesita


 Sergio De Dios González 6, noviembre 2016 en Psicología2068 compartidos
amor
En el amor, como en el resto de facetas también crecemos. Son las experiencias, propias y ajenas, de las que tomamos nota. De hecho, si nosotros mismos echamos la vista atrás seguro que somos capaces de identificar diferentes aspectos que hemos cambiado en nuestra forma de amar, con independencia de que ahora tengamos una relación de más o menos tiempo o incluso que no tengamos ninguna.
En este artículo vamos a hablar de cinco aspectos que son bastante comunes en este aprendizaje. Hay adolescentes que ya los han aprendido todos, por el contrario hay personas que frisan los sesenta y que aún no han dado ese paso. De una forma o de otra, la reflexión que te proponemos en este artículo habla de algunos errores que comenten algunas personas en pareja y que se trasforman a la larga en los auténticos saboteadores de sus relaciones.

pareja

La necesidad de control es un veneno para el amor

Una persona inmadura en una relación tiene la necesidad imperiosa de controlar al otro. Piensa que la persona con la que comparte una relación de alguna manera es suya y la vigila con la misma lógica que vigilaría una bicicleta si la deja en la calle. Esta necesidad de control va muy ligada al tiempo, ya que la persona de su pareja intenta ocupar todo el tiempo que tiene libre el otro: esta es una forma más de control.
La persona madura sabe que ese control es una fuente de ansiedad totalmente improductiva. Si el otro se tiene que terminar marchando lo hará de la misma forma y si tiene que quedarse tendrá claro que es por amor y no por miedo a traspasar la barrera que el otro vigila.
En cuanto al tiempo, la persona madura necesita su espacio y entiende que la otra persona también. Además de entenderlo y necesitar el propio, está convencida de que su existencia es enriquecedor para la relación.
 

La comunicación es el aire del que el amor respira

Una persona inmadura no ha entendido aún lo importante que es la comunicación en su relación. De ahí que no ponga ningún cuidado en ella y exponga las ideas con palabras, según van apareciendo en su cabeza. También puede ocurrir lo contrario, y que en vez de utilizarla sin filtro le ponga uno tan fuerte que no pase nada.
Por el contrario, la persona madura entiende que la comunicación requiere de paciencia y una gran dosis de inteligencia. Conoce, por ejemplo, que la propuesta es mucho mejor que la crítica o que la negación tiene mucho una probabilidad mucho menor de causar un conflicto si va acompañada de un abanico de alternativas.
La comunicación requiere de paciencia y de una gran dosis de inteligencia
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Perdón, venganza y resentimiento

Las personas inmaduras perdonan pero no olvidan. Tienen preparada sus lista de agravios por si en algún momento se da una discusión y tienen que sacar las uñas. Por otro lado, esta lista de agravios suele ser interminable, ya que son muy sensibles al comportamiento del otro, de manera que cualquier mínimo roce les provoca mucho dolor emocional.
La persona que ha alcanzado la madurez resuelve los conflictos. Entiende que las heridas necesitan tiempo, pero que este tiempo no sirve de nada si no dedican parte de él a dejar resulto el conflicto. Pasa de hacer ninguna lista de afrentas porque sabe que la única consecuencia de ella es el dolor y la destrucción, tanto de sí misma como de la propia pareja.
mujer ante el tiempo

El tiempo y el cariño no pueden faltar en el amor

Las personas inmaduras hacen regalos para recibirlos. Por otro lado, rara vez un detalle les parece suficiente o cumple sus expectativas. Además, necesitan de la atención constante del otro y albergan en su foro interno la esperanza de que el otro sea capaz de leer sus mentes. Algo que humanamente es imposible. Prefieren un gesto material a un abrazo, porque miden el valor de estos gestos por el coste económico que le atribuyen a los mismos. Un abrazo para ellos vale muy poco.
Las personas maduras hacen regalos para ver la cara del otro. Para ellas el mejor momento es el de entregarles eso que han hecho o comprado y ver la cara del otro. Además, muestran una alegría inmensa ante cualquier gesto que el otro les hace, porque se fijan en aquello que hay y no en aquello que puede faltar. Finalmente lo que más valoran son los gestos de cariño porque a través de ellos disfrutan de amor como chiquillos.

La intimidad, en el amor, es más que el deseo

La persona inmadura solo se siente atraída por el físico del otro. Entiende que le sexo es donde comienza todo y donde termina todo. Así, si la pareja no funciona en este sentido consideran que la crisis es profunda, al menos mucho más que la que habría en el caso de que la pareja llevara una semana seguida sin hablar más de dos minutos seguidos.
Las personas maduras entienden que el deseo es una parte más de la relación y que se comunica con el resto de facetas. Esto quiere decir que todas complementan a todas e que incluso todas pueden mejorar a todas. Para ellas donde empieza y donde acaba todo es en la intimidad, donde habita el sexo, pero también la confianza o la vulnerabilidad (entendida en un sentido positivo).
Finamente, para las personas inmaduras el objetivo con su pareja es no sufrir, estar bien. Para las personas maduras, el objetivo con sus parejas es crecer y disfrutar. Seguir apostando por el proyecto común en el que están embarcados de la manera que ya hemos dicho. Y tú pareja, ¿en cuál de los dos polos está?